Publicado hace 14 días y 0 horas
El roce accidental se vuelve deliberado. Cada contacto mínimo se amplifica, se reconoce como un aviso, como un juego de tensión que no se resuelve. La cercanía pesa y se disfruta, y hay algo increíblemente adictivo en cómo la incomodidad se mezcla con el deseo.
