Publicado hace 4 horas y 53 minutos
Hay miradas que no tocan la piel, pero encienden algo mucho más profundo. No buscan poseer, sino comprender. Y en ese cruce silencioso de almas, el deseo deja de ser cuerpo y se vuelve presencia. Lo que atrae no es la forma, sino la sensación de ser visto sin defensa, como si el alma se desnudara sin temor
